Kandisky y los monos
(o cómo todos los caminos pasan por Puerto de la Cruz)

Como en el entretenimiento de los seis grados de separación entre cualquier actor del mundo y Kevin Bacon, en Puerto de la Cruz a veces parece que todo está relacionado con todo. Entre los Beatles, Agatha Christie y Shakira, tenemos conexión en un par de pasos con casi cualquier acontecimiento que se nos ocurra en la historia de Europa.

Hoy vamos a tirar de un hilo un poco menos popular que la reina del misterio o el cuarteto de Liverpool, pero sorprendente y profundamente enredado en las raíces de la cultura europea contemporánea. Vamos allá.

BEN

Tal vez hayan oído hablar de un programa impulsado desde la Unión Europea para favorecer la participación de la ciudadanía en proyectos que mejoren los espacios y la vida en las ciudades: la Nueva Bauhaus Europea (NBE) que aspira, entre otros objetivos, a “construir entre todos un futuro sostenible e inclusivo”.

Las políticas culturales de las ciudades más comprometidas con el futuro están en consonancia con la NBE. Conectar a las personas con su entorno, escucharlas e involucrarlas usando la cultura y la creatividad como medios de progreso es tendencia –a buenas horas, también se nos ocurre decir–. Puerto de la Cruz es un ejemplo de ciudad cuyas buenas prácticas reflejan los principios de esta Nueva Bauhaus Europea. Y este será el cabo del hilo del que vamos a tirar, y que nos llevará hasta la República de Weimar y de vuelta al Puerto. Pasen y vean.

La Nueva Bauhaus Europea se propone recuperar el espíritu de la Escuela de arte y arquitectura de la Bauhaus original, creada en Weimar (Alemania) en 1919. Tras el trauma que la Primera Guerra Mundial provocó en toda Europa, los fundadores de la Bauhaus pensaron que a través de la arquitectura se podía –y se debía– mejorar la vida de las personas; unieron la estética con la funcionalidad, y la creatividad con la producción para tratar de ayudar a superar la crisis social que se cernía sobre el continente durante la posguerra. El legado de la Bauhaus en la cultura visual contemporánea es enorme y su influencia en el diseño actual, innegable.

La Bauhaus fue una escuela en el sentido literal.

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Maestros como Vasily Kandinsky y Paul Klee impartían allí clases de teoría del color y de la forma, fuertemente influidos por los principios de la Psicología de la Gestalt; una corriente psicológica que se fraguó en esa misma época más o menos, y en esa misma república de Weimar, cuando la intelectualidad bullía con la búsqueda de nuevas soluciones en ciencia, arte, tecnología y filosofía que pudieran ser útiles en la vida cotidiana de las personas normales. Gestalt en alemán significa, literalmente, “forma” o “estructura”, y uno de los axiomas de la psicología de la Gestalt dice que, en materia de percepción, el todo es más que la suma de sus partes. Lo más divertido de esta corriente son, seguramente, los juegos visuales que ilustran las leyes de la percepción.

Y ya estamos casi llegando al Puerto. 

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Los iniciadores de la Gestalt fueron los psicólogos alemanes Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka, que se conocieron en el Instituto de Psicología de Frankfurt en torno a 1910. Los tres acabaron en Estados Unidos en los años treinta, pero en la década de 1910 todavía estaban en Europa: después de Frankfurt Wertheimer desarrolló su investigación en varios laboratorios de Praga, Berlín y Viena; Koffka se fue a la Universidad de Giessen, y a Köhler lo contrataron como director del primer centro de estudios primatológicos de la historia, la Estación de Antropoides de Tenerife, que se había inaugurado un año antes, promovido por la Academia Prusiana de Ciencias de Berlín. Así que en 1912 Wolfgang Kohler se instaló con su familia en Puerto de la Cruz para dirigir el centro de primates ubicado en La Casa Amarilla. Estuvo en Tenerife hasta 1919 y durante su estancia aquí redactó, además de los informes y publicaciones relacionados directamente con la Estación de Antropoides, algunos otros trabajos importantes en su carrera.

La Estación de Antropoides merece un artículo por sí sola, o dos… Igual que los rumores sobre Köhler que comenzaron a correr en las islas durante la guerra o lo que les pasó a los chimpancés que vivían aquí una vez se cerró la estación de Tenerife, pero, citando a otro alemán ilustre, esas son otras historias y deberán ser contadas en otra ocasión.

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